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Parar al mentiroso

En el debate celebrado entre los candidatos de las próximas elecciones generales tuvimos que soportar que el candidato de la formación ultraderechista Vox, Santiago Abascal, diera rienda suelta a su xenofobia y racismo con mensajes xenófobos y racistas. Era de esperar. La ultraderecha centra sus mensajes simples y efectivos apelando a los bajos instintos que, por desgracia, mucha gente acepta. Una crisis económica o social, como la que vivimos en nuestro país, es campo abonado para que arraiguen estos mensajes. El malestar de un sector de la población, espoleada por mensajes de miedo y odio, es el medio de cultivo ideal.

Como defensora de los derechos humanos durante casi toda mi vida sentí una gran frustración tras ver el debate. Ningún candidato dedicó un solo segundo a hablar de cooperación internacional, de la relación que hay entre el cambio climático, la pobreza y la migración, de las causas que empujan a miles de personas a abandonar sus países, de las causas de la pobreza en nuestro propio país.

Abascal lanzó mensajes racistas y xenófobos que además son falsos. Lo sabe perfectamente pero da igual. Hay un sector de los electores que los dan por buenos, quieren darlos por buenos. Apela a los bajos instintos, al odio al diferente, al que está peor que tú, al pobre, al inmigrante, a las víctimas propiciatorias que no se pueden defender. Se miente diciendo que te quitan el pan, que agreden a las mujeres, que se aprovechan de los servicios sociales, de la sanidad, de la educación. Nada que no se haya hecho ya en otros países con buenos resultados electorales: Estados Unidos, Hungría, Croacia, Grecia, Italia… La internacional de la ultraderecha, con su gurú Steve Bannon, sabe muy bien qué mensajes hay que lanzar en cada país y cómo deben financiarse sus partidos. Bannon probablemente ha asesorado a Vox como asesoró a Bolsonaro en Italia. Como vimos en el debate, a Abascal no le interesa explicar cómo van a ser los presupuestos del Estado si llega a gobernar. Simplemente lanza mensajes simples y efectivos: los inmigrantes son el mal, traen delincuencia y se aprovechan de nosotros.

Lo terrible del debate es que ninguno de los demás candidatos dedicaron su tiempo a desmentir las falacias de Abascal, a sabiendas de que eran falsas. Tampoco los moderadores, que se limitaban a cronometrar el tiempo de intervención de cada candidato. No vimos un debate, vimos una serie de monólogos sobre lo que haría cada partido en caso de gobernar. Los ciudadanos merecemos otra cosa. Merecemos que se nos trate con respeto. Merecemos que los partidos democráticos y que defienden los derechos humanos digan basta a las mentiras, que digan basta a los que espolean el miedo, que digan no a los racistas, que le quiten la palabra al xenófobo. Fue un debate triste, muy triste, no nos merecemos esto.

Por eso quiero aprovechar esta tribuna, en la que suelo denunciar las violaciones de los derechos humanos y las crisis humanitarias, para recordar que permitir la xenofobia, el racismo y la violación de los derechos que todas las personas debemos tener garantizados, es el camino para sembrar futuras crisis humanitarias.




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