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Pablo Casado y la búsqueda del voto xenófobo

En los últimos días, el nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado, ha demostrado con sus palabras que quiere entrar en el club de la derecha xenófoba y anti-migración que está creciendo en Europa, repitiendo incluso el argumentario que habitualmente maneja, por ejemplo, Marine LePen. Según Pablo Casado, “España no puede absorber millones de africanos” y que “no puede haber papeles para todos”. Hoy mismo viaja a Algeciras y Ceuta para repetir su discurso alarmista.

Sin embargo los hechos no le dan la razón a Casado, por mucho que intente, mediante este discurso, atraer a sus filas a muchos ciudadanos que creen que la llegada de inmigrantes a España supondrá una catástrofe social y económica. El discurso ha funcionado bien en otros países: ahí está la nueva figura de la extrema derecha racista y xenófoba, Matteo Salvini, en el gobierno italiano precisamente por su discurso que supera en ocasiones los límites del mal gusto.

La realidad es otra: ni España está sufriendo un “asalto masivo” de africanos, ni se espera que eso suceda. En este año han llegado a España 25.000 migrantes de origen africano, muchos de los cuales ni siquiera se quedarán en España. En los últimos años España ha perdido un millón de migrantes, que han regresado a sus países de origen, lo que hace que, con cinco millones de migrantes, casi todos con papeles, España sea uno de los países europeos con una proporción más baja de migrantes respecto de su población total.

Al margen de todas las mentiras interesadas de Casado, irresponsables además por su efecto exacerbador de miedos, lo cierto es que España y Europa necesitan migrantes. En pocos años, como consecuencia de la baja tasa de natalidad, el envejecimiento de la población nos llevará a un punto en el que habrá más personas cobrando la pensión de jubilación que trabajadores activos. Los expertos insisten en que ese panorama es insostenible y que no habrá dinero para pagar las pensiones si no aumentan los cotizantes. Sin niños ni jóvenes suficientes para sustituir a los que se jubilan, incluso desde un punto de vista práctico y egoísta necesitaremos millones de migrantes si queremos seguir sosteniendo el sistema de pensiones.

Desde el punto de vista humanitario, es también nuestra obligación acoger a todos aquellos que escapan de sus países debido a la violencia o a la extrema pobreza, o de las consecuencias del cambio climático -sequías prolongadas, inundaciones-, factores sobre los que Europa y Occidente tienen una más que segura responsabilidad.

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